La mayoría de las parejas pueden hablar de todo. Finanzas, hijos, planes de futuro, relaciones familiares complicadas. Pero pregúntales si hablan abiertamente sobre su vida sexual — y muchos negarán con la cabeza.
Es paradójico. El sexo es una de las cosas más íntimas que podemos compartir con otra persona. Y sin embargo, es precisamente aquí donde el lenguaje más nos falla.
¿Por qué es tan difícil?
En primer lugar, no estamos entrenados para ello. La mayoría de nosotros nunca hemos aprendido a hablar sobre el sexo — ni en la escuela, ni en casa, ni en nuestra cultura. Hemos aprendido que el sexo es privado, quizás vergonzoso, y desde luego no algo que se pone en palabras.
En segundo lugar, el riesgo es grande. Cuando decimos lo que queremos o no queremos en la cama, nos volvemos vulnerables. Corremos el riesgo de ser rechazados, malinterpretados o ridiculizados. Es más fácil no decir nada.
En tercer lugar, muchas personas cargan con ideas inconscientes sobre lo que es normal. Si lo que yo deseo es diferente a lo que desea mi pareja, ¿significa que algo está mal en mí — o en nosotros?
¿Qué cuesta el silencio?
Mucho. Cuando no hablamos de nuestras necesidades y deseos sexuales, damos por sentado que nuestra pareja sabe lo que queremos. No es así. Y con el tiempo puede abrirse una brecha — no porque el amor haya desaparecido, sino porque dos personas han dejado de ponerse al día mutuamente.
Muchas parejas acaban con una vida sexual que se ha convertido en rutina más que en conexión. No porque no deseen algo diferente — sino porque nadie lo ha dicho en voz alta.
¿Cómo se empieza?
No hace falta empezar por lo más difícil. Se puede empezar por lo pequeño. Por decir lo que funciona bien — no solo lo que falta. El elogio y el reconocimiento abren la conversación con mucha más facilidad que la crítica.
También se puede empezar fuera de la cama. Una conversación tranquila durante una comida o un paseo suele ser más fácil que una conversación en el momento en que todo ocurre.
Y se puede empezar con curiosidad en lugar de exigencias. No: nunca haces esto o aquello. Sino: me encantaría probar algo nuevo — ¿qué piensas?
El lenguaje sobre el sexo es como cualquier otro lenguaje. Se puede aprender. Requiere práctica. Y se vuelve más fácil cuanto más se usa.
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