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Orgasmo — mitos y realidad

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El orgasmo está rodeado de más mitos que quizás cualquier otro aspecto de la sexualidad humana. Todos hemos escuchado las historias — desde las películas de Hollywood que insisten en los clímax simultáneos, hasta los relatos de amigas que pueden hacer que cualquiera se sienta insuficiente. Pero ¿qué sabemos realmente? ¿Y qué es lo que creemos saber — pero que resulta ser algo completamente diferente?

El mito del orgasmo «correcto»

Una de las ideas más persistentes es que existe una única manera correcta de experimentar el orgasmo. Freud describió en su momento el orgasmo vaginal como la sexualidad femenina «madura», y catalogó el orgasmo clitoriano como algo infantil. Eso dejó a generaciones de mujeres con la sensación de fracasar — incluso cuando realmente disfrutaban del sexo. La investigación moderna ha corregido esto desde entonces. La sexóloga e investigadora Elisabeth Lloyd demostró en su trabajo que la mayoría de las mujeres no experimenta el orgasmo solo mediante la penetración, y que el clítoris juega un papel central para la mayoría. No existe ninguna jerarquía. No existe ningún camino «equivocado».

Lo mismo ocurre con los hombres. El orgasmo y la eyaculación no son lo mismo — los hombres pueden experimentar orgasmos sin eyaculación, y viceversa. El cuerpo es más matizado de lo que a menudo nos cuentan.

Lo que la investigación realmente dice

Los investigadores sexuales William Masters y Virginia Johnson cartografiaron en los años sesenta la respuesta sexual humana y demostraron que el orgasmo es un proceso fisiológico con fases claramente definidas — pero también subrayaron que la psicología y el contexto juegan un papel decisivo. Puedes tener la estimulación «correcta» y aun así no llegar allí si estás estresado, distraído o no te sientes seguro. El orgasmo no es solo un fenómeno corporal — es en gran medida también uno mental.

Investigaciones cerebrales más recientes respaldan esto. La investigadora Nan Wise ha demostrado que el orgasmo involucra grandes partes del cerebro, incluidas áreas relacionadas con la recompensa, las emociones y el alivio del dolor. Es, en otras palabras, una experiencia de cuerpo entero que no puede reducirse a un único punto anatómico.

La trampa de la expectativa — y el camino hacia la presencia

Una de las mayores barreras para el placer sexual es, paradójicamente, la propia expectativa del orgasmo. Cuando el objetivo se convierte en el punto de referencia, perdemos el contacto con lo que realmente está ocurriendo en el cuerpo. Los sexoterapeutas hablan a menudo de «spectatoring» — un término para ese estado en el que uno se desdobla mentalmente y comienza a vigilar y evaluar su propio rendimiento. Es difícil sentir placer cuando al mismo tiempo se actúa como juez.

Muchas parejas e individuos experimentan una liberación cuando empiezan a desplazar el foco del orgasmo como objetivo hacia el contacto y el placer como proceso. No se trata de renunciar al clímax — se trata de crear las mejores condiciones para que pueda surgir de forma natural.

El orgasmo es real, es maravilloso, y merece ser abordado con curiosidad en lugar de presión. ¿Qué pasaría si durante un tiempo dejaras que el orgasmo fuera una posibilidad en lugar de una exigencia — y en cambio te preguntaras qué es lo que realmente te da placer?

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